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Revista G - 2021-11-19

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SIN CAPITAL NO HAY INVERSIÓN

EN EL MERCADO

CARLOS ROJAS Socio fundador de CAPIA

El Perú, como algunos otros países de la región, registra pocos ingresos del Gobierno, en nuestro caso con un ratio de 20% sobre PBI, según las cifras mostradas en la exposición del ministro Pedro Francke ante el Congreso para el pedido de “delegación de facultades”. Tenemos que recaudar más. También es un hecho real que somos el país que más “incumplimiento tributario” tiene en la región, por lejos, con un “incumplimiento” del 49% de impuesto a la renta y de 38% del IGV. Es decir, hay una evasión gigantesca, sustentada en buena parte por el altísimo grado de informalidad de la economía peruana. Además, según un estudio de Alonso Quiroz (2013), la corrupción se ha llevado en promedio 30% del erario nacional. Es decir, si se lograse llevar a la mitad la corrupción y la evasión, aumentaría la recaudación a 27% sobre PBI, lo que nos pondría encima del promedio mundial de mercados emergentes. Pero no es suficiente, hay que crear miles de empresas formales que generen millones de puestos de trabajo formales. Hoy solo hay 3,7 millones de peruanos, de un total de 25 millones en edad de trabajar, en puestos formales privados. Así de mal. Y para crear miles de empresas se necesita de capital humano, tecnológico y financiero. El capital financiero no sale del aire, ni de buenas intenciones, ni con enunciados ideológicos. Se consigue por medio de personas que han ahorrado algo y lo invierten bajo riesgo de perderlo todo si la empresa va mal. Y si la empresa es exitosa, esta pagará entre 29% y 50% de impuestos y beneficios en algunos casos, antes de pagar los dividendos (donde también paga impuestos), o reinvertirlos para que siga creciendo. Entonces, en un mundo tan globalizado, donde los capitales se mueven rápido de un lugar a otro, ¿cómo incentivamos la inversión y la creación de más empresas formales? Además de la confianza para invertir y de los sobrecostos laborales, el tema de los impuestos es importantísimo. Todos los países del mundo (que quieren desarrollarse) tratan de promover más inversión interna; que no se vaya al país del costado a crear puestos de trabajo y mejorar la calidad de vida. Sumado a que una empresa nueva trae otra y otra y otra… Y con más impuestos a los inversionistas no se va a lograr. Si al inversionista lo castigas, buscará irse adonde sea bienvenido. Ojo, lo mismo pasa con el talento. Y lo mínimo que un Gobierno debe incentivar es que los propios residentes quieran invertir todo lo que puedan en empresas de su país. Y que el talento se quiera quedar. Así se forja un verdadero nacionalismo, con el que se promueve la creación de empresas locales, la libre competencia, el libre mercado, y se incentiva la inversión en firmas locales y la creación de una tras otra. Si un peruano pudiese invertir en negocios de otros países y pagar iguales o menores impuestos que los que pagaría acá por invertir en empresas peruanas, probablemente lo pensará varias veces. Lamentablemente, tenemos un ministro que quiere subir los impuestos a los que arriesgan sus ahorros invirtiendo localmente. No se ve muy objetivo decir que “le pica el ojo y le hinca el hígado” cuando ve autos de alta gama en la calle. ¿Le molestará el éxito que tuvo el Cholo Sotil cuando se compró un Ferrari en Barcelona? ¿O los autos de “alta gama” que tenían Paolo Guerrero, Jefferson Farfán y Raúl Ruidíaz, que lograron éxito profesional sobre la base de talento, esfuerzo y sacrificio? Creo que la envidia nunca es una buena consejera. Si queremos ser un país de empresarios formales y no de empleados informales, tenemos que promover la inversión en empresas peruanas. Si queremos ser un país de inversionistas y no solo de ahorristas bancarios, tenemos que motivar un mercado de capitales profundo y líquido. Ninguno de estos dos se logrará aumentando impuestos a la inversión. Y un país sin inversión es un país destinado al fracaso.

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