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Revista G - 2021-11-19

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EL VERDADERO VIP

UN COMERCIAL Y REGRESO

LU C I A N A O L I VARES CEO de Boost Brand Accelerator

Aestas alturas de tu vida, ya debes tener muy claro lo que significa VIP: very important people. Desde bancos con sus tarjetas negras hasta las discotecas con zonas reservadas nos han dejado bien en claro que a un cliente especial se le engríe, se le cuida, se le hace sentir que es tu prioridad. Infinidad de programas de fidelización y reconocimiento se despliegan todos los días, campañas publicitarias de grandes presupuestos para decirle en altas y en letras repujadas a nuestro cliente más importante de la pirámide: “Me importas mucho y haré todo por retenerte” (claro que a veces las palabras se las lleva el viento). Y ni qué decir de los regalos justo en estas épocas del año, en que las buenas botellas de vino o pisco anteceden a Papá Noel. Sin embargo, hay un cliente que muchas veces falta en la ecuación, y no por un error de base de datos, sino por lo que yo llamaría “exceso de familiaridad”. Nos olvidamos de aquellos que son los influencers más efectivos y numerosos que podemos obtener, la fuerza de ventas más creíble, los grandes responsables de llevar al éxito o al fracaso cualquier plan por maestro que sea. Me estoy refiriendo a los equipos de cada empresa, nuestros colaboradores, nuestra gente. Muchas veces damos por sentado que nuestros equipos ya se enteraron de determinada acción o noticia o hasta asumimos que no importa que se enteren antes que el mercado. Asimismo, desplegamos campañas publicitarias millonarias para llamar la atención del cliente externo, pero nos olvidamos de mandar al menos un e-mail agradeciendo a los responsables de esa genial idea o producto. O, ahora que toda marca está ávida de trabajar con influencers, buscamos a esa persona mediática que intente de manera natural y creíble convencer a la gente de nuestras bondades y nos olvidamos de que tenemos influencers en casa, que conocen nuestra marca como nadie y que tiene comunidades distintas y complementarias compuestas por sus amigos y grupos de influencia. Ese exceso de familiaridad nos hace ciegos ante el poder de comunicación y motivación de nuestros equipos, y perdemos una enorme oportunidad o, lo que es más grave, salimos al mercado metiéndonos autogol, porque a ningún colaborador le gusta enterarse de cosas importantes sobre su compañía por las

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