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Revista G - 2021-07-16

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Inversión inteligente

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ALDO FERRINI Gerente general de AFP Integra

Aldo Ferrini Hace cinco años, en julio del 2016, el país se preparaba para la juramentación de Pedro Pablo Kuczynski (PPK). Había mucho optimismo respecto a lo que se podría lograr durante su mandato, optimismo que era inflado por las opiniones tanto de ilustres políticos como de grandes inversionistas extranjeros. Existían pocas dudas en cuanto a la capacidad técnica que tenía el gabinete de PPK. Se esperaba un rápido destrabe de muchas grandes obras de infraestructura y se tenía gran confianza en poder atraer inversión extranjera como nunca antes. Lo único que debía demostrar el Gobierno de PPK era manejo político para, con este, empujar algunas reformas estructurales que pudiesen fortalecer la alicaída institucionalidad en el país. Luego de cinco años, El Niño costero, la maldita pandemia, cuatro presidentes y dos congresos, llegamos al tan esperado bicentenario muy lejos y mucho peor de lo que nos imaginábamos en ese distante y optimista julio. Las obras de infraestructura que iban a impulsar el crecimiento prácticamente se congelaron en el tiempo. Una nota del diario Gestión publicada semanas previas a la investidura de PPK analizaba los diez proyectos de inversión más importantes del momento, y decía: “El retraso en la ejecución de los grandes proyectos de inversión se ha convertido en un problema de magnitudes para este Gobierno [Humala] y será uno de los principales retos de la administración entrante [PPK]”. Entre los proyectos se encontraban la línea 2 del Metro, la ampliación del aeropuerto Jorge Chávez, el aeropuerto de Chinchero, el penal de Ica, Majes Siguas-II Etapa y Chavimochic, entre otros. El avance fue prácticamente nulo y es evidente que el reto no se superó. Hoy nos enfrentamos a exactamente los mismos desafíos, pero en condiciones más desfavorables. Un país muy dividido, muy enfrentado, una economía golpeada por la pandemia, cuentas fiscales más ajustadas, mayor precariedad de empleos y una crisis sanitaria que aún persiste. Alberto Vergara publicó en The New York Times en el 2016 un artículo refiriéndose a los retos que enfrentaría PPK; decía: “El desafío, entonces, es superar una resaca que no es económica, sino política e institucional. Superarla consiste en tomar conciencia de que los años de boom transcurrieron sin empujar las reformas más necesarias ni consolidar la democracia”. Hoy debemos sumarle la resaca económica. Sabemos ya que el nuevo Gobierno comenzará habiendo tenido un tiempo mínimo para la transición y con una gran desconfianza y escepticismo en el 50% de la población. Recibirá un Estado que sigue siendo ineficiente, con una muy limitada capacidad de ejecución. Tendrá urgente necesidad de mantener el buen ritmo de vacunación que se ha logrado y de actuar rápido para reducir la incertidumbre y transmitir confianza al sector privado y a inversionistas internacionales para que la economía y el empleo se sigan recuperando. Y tanto el Ejecutivo como el Congreso tienen la obligación moral de no repetir la destructiva relación que ha sido norma desde el año 2016. El país no puede darse el lujo de desperdiciar otros cinco años.

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