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Revista G - 2021-05-21

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¿Sector sostenible?

ENTREVISTA

Juan Manuel Benites PRESIDENTE DEL INSTITUTO CRECER

El principal tema que debe abordarse, con suma urgencia, para lograr un mayor crecimiento de la agricultura y que haya mayor inclusión en los impactos positivos de ese crecimiento, es la competitividad. Para la costa, eso significa más ampliación de la frontera agrícola, con la ejecución de proyectos de infraestructura de riego como Majes II y Chavimochic III, entre otros, así como reducciones significativas en los costos logísticos y de producción, sobre la base de inversión en infraestructura y tecnología, aplicadas a la produción en campo y a la comercialización. En el caso de la sierra y la selva, deberá desarrollarse una estrategia combinada en la cual se pongan en valor sus territorios con excelentes condiciones de agua, suelos, climas, biodiversidad y recursos humanos dotados de conocimientos ancestrales, para ofrecer productos a la canasta alimentaria nacional y a la de agroexportación. Para ello, se requiere establecer alianzas estratégicas entre el sector del agro moderno y la agricultura familiar. La empresa líder o locomotora, con propósito, que va integrando a pequeños productores organizados a los mercados con mayores exigencias, pero con mejores precios. Este modelo de desarrollo territorial productivo inclusivo considera tres aspectos principales: incorpora al productor a una cadena de valor más amplia, “acerca el mercado” a la zona de producción y establece relaciones productivas/comerciales de largo plazo. El eje central del modelo es la asociatividad, que genera mayores beneficios netos por la acción conjunta (escala), facilita otros procesos (como el acceso a los mercados y a los servicios financieros, y la transferencia de tecnología) y reduce costos logísticos, algo determinante para la mejora de la competitividad de la actividad agraria. Asimismo, este modelo puede ser potenciado por otros aliados importantes, como las empresas extractivas del sector de minería e hidrocarburos, entre otros. Estos últimos, sumados al Estado, aportarían recursos finacieros, dotando de infraestructura de riego y productiva, carreteras, energía, asistencia técnica, capital de riesgo, entre otros factores que sean necesarios para el éxito de los planes de negocio que se hayan identificado previamente. Finalmente, para que todo esto sea posible, se precisa conectar la competitividad territorial con el gasto público y la inversión privada, con la finalidad de aprovechar las potencialidades de un determinado territorio. Sobre esa base se deberán identificar necesidades de infraestructura y disponibilidad de bienes y servicios.

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