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Revista G - 2021-05-21

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A 16 DÍAS

PALABRA DE GESTIÓN

JULIO LIRA Director periodístico

El próximo 6 de junio, la política económica iniciada en 1990 y que está desarrollada en la Constitución de 1993 tendrá su mayor prueba de fuego. Dos posiciones radicalmente opuestas disputarán la segunda vuelta electoral. Por un lado, Perú Libre, con su candidato Pedro Castillo, pretende un cambio total en la dirección de la economía del país, lo que en la práctica significa un retroceso a políticas que ya fracasaron en el pasado. Y, desde el otro lado, Fuerza Popular, con Keiko Fujimori, intenta preservar las vigas maestras de los últimos 30 años, pero tiene una pesada mochila por el gobierno de su padre, la postura que tuvo como líder de la bancada mayoritaria del Congreso entre el 2016 y el 2018, y las investigaciones de corrupción que afronta, que tendrán incidencia, como ya sucedió en los comicios del 2011 y el 2016. Sin embargo, lo que está en juego para el Perú es más grande que el comportamiento de la candidata de Fuerza Popular. Lo que está en riesgo son los logros alcanzados, que, pese a los problemas pendientes que se deben resolver —principalmente con la población de menores ingresos—, es necesario preservar para remontar el déficit de reformas económicas de segunda y tercera generación, como construir institucionalidad que tenga como una de sus primeras tareas combatir la corrupción y la falta de competencia en los mercados. El ideario de Perú Libre y el andamiaje de un plan que se pretende construir apresuradamente constituyen recetas que en el pasado ya se aplicaron y no dieron resultado. Si bien hubo errores en las últimas tres décadas en políticas públicas y en no detener el crecimiento de la corrupción, las consecuencias de los planteamientos de Castillo serían desandar lo avanzado. En tanto, las expectativas empresariales, según la encuesta mensual del Banco Central, se han deteriorado el último mes por la incertidumbre electoral, mientras el actual Congreso semana a semana aprueba proyectos que constituyen verdaderas bombas de tiempo para el siguiente gobierno, sea cual fuera. El impacto de esta situación se refleja diariamente en los altibajos del tipo de cambio y en la evolución de la Bolsa de Valores de Lima y de las tasas de interés de los bonos soberanos. La otra consecuencia importante es que se han detenido diversas iniciativas de inversión, salvo los proyectos en marcha, como mostramos en esta edición. Lo que prima es “esperar y ver”, tal como ya ha sucedido en anteriores procesos electorales, pero esta vez el peligro de retroceso es mayor. La oferta electoral en esta campaña ha sido pobre, más allá de algunas propuestas. Como nunca, desde múltiples estamentos de la sociedad civil con diferentes enfoques se evaluaron los planes de gobierno presentados por las agrupaciones políticas ante el Jurado Nacional de Elecciones, pero tales análisis no calaron lo suficiente en la ciudadanía. Factores emocionales o el antivoto contra determinados candidatos finalmente prevalecieron. El voto informado debió ser el eje de las elecciones, pero no fue lo determinante, sobre todo en los estratos socioeconómicos D y E. Ese es el gran reto que se incorpora en la agenda; de no ser atendido, se habrá perdido una lección dejada en estos comicios. Como también sucedería si no se pone mayor énfasis en la necesidad de promover la competencia en los mercados. Es indudable que hay una tarea por hacer para que el postulado de economía social de mercado que está en la Constitución sea una realidad en toda la extensión de su significado. A 16 días de la segunda vuelta, queda espacio todavía para que la reflexión se imponga.

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