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Revista G - 2021-04-16

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LOS DESAFÍOS EMPRESARIALES

PALABRA DE GESTIÓN

JULIO LIRA Director periodístico

La primera vuelta electoral culminó. Se abre ahora un periodo clave para decidir al próximo gobernante hasta el 6 de junio, fecha programada para llevar a cabo la segunda vuelta. Queda claro que uno de los participantes será Pedro Castillo, candidato de Perú Libre. Sus propuestas y su posición desde que fue protagonista en los últimos días de la campaña electoral preocupan al sector empresarial, tanto por su posición de modificar el régimen económico de la Constitución como por sus vinculaciones con Movadef. Para las empresas, se despejan algunas dudas con los candidatos que pasarán a disputar la segunda vuelta, pero también expectativas de cómo las propuestas de la primera parte de la campaña se hacen más explícitas. Asimismo, inquietudes por las alianzas electorales que se forjen en busca de conseguir el triunfo el próximo 6 de junio. Los acuerdos tendrán, entre otros temas de interés, el rumbo de la política económica y qué tanto se generan consensos sobre medidas específicas en los campos laboral o tributario, por citar dos políticas sensibles para el sector empresarial. A diferencia de lo ocurrido hasta el 11 de abril, esta vez sí tendrán mayor relevancia los planes de gobierno. Aunque se han realizado análisis de los mismos, ahora la confrontación de los pros y los contras de las propuestas será importante. Frente a ello, los empresarios deberán tener un mayor protagonismo en el debate. En la primera vuelta, diversos gremios organizaron debates, pero la voz de sus representantes fue de escasos decibeles en su mayoría, salvo algunas excepciones. Esta vez no sería recomendable seguir la misma pauta. Hay mucho que está en juego: no solo la reactivación económica, sino también completar las reformas retrasadas y cambiar la percepción de que hay políticas públicas más proempresa —con el consiguiente sesgo a favor de intereses de determinados grupos empresariales o de compañías— que promercado. Lo anterior implica un cambio en la relación de las empresas con el Estado, a fin de que sea lo suficientemente transparente. Es clave que el objetivo dominante sea la competencia, y que eso sea así percibido por la ciudadanía. En los últimos años ha habido esfuerzos de ciertos gremios por una actitud diferente, de mayor participación en la vida del país y de tener como una de sus banderas la lucha contra la corrupción. Esto último requiere ejemplos en la práctica que muestren ese compromiso. Uno puede ser que los códigos de ética de los gremios funcionen. Otro de los retos debe estar vinculado a la innovación. La pandemia obligó a las compañías a realizar un acelerado proceso de transformación digital, más allá del tamaño que tuvieran. Esta tendencia debe avanzar hacia una escala mayor, para no quedarse atrás en la carrera por el uso de la tecnología. Lo anterior implica desafíos como nuevos esquemas laborales, tema muy sensible por la situación de deterioro que enfrenta una buena parte de los trabajadores debido al impacto de la pandemia. Pero es necesario asumir el reto. Quedan cerca de dos meses para que las empresas asuman desafíos que, por su dimensión, quizá sean los más difíciles de los últimos 20 años.

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