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Energiminas - 2021-05-18

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MINERÍA: ¿UN SACO DE ARENA?

Editorial Opinión

Es una constante que en cada justa electoral todos los candidatos vuelvan los ojos a la minería. El discurso es por demás conocido: desde la estatización de recursos, hasta la forma de sacarle el último perno a las empresas del sector. Los discursos se suelen apoyar en estereotipadas imágenes de una minería contaminante, que es una etapa ya superada por la minería formal. Lamentablemente los “rollos” suelen ser los mismos con variaciones moradas, rojas o naranjas. No importa el color, siempre la minería será parte de la discusión. La minería formal tiene la maldición de ser atacada por su éxito. En los últimos 20 años es innegable que el sector no solo ha demostrado respeto por el medio ambiente, ha aprendido a relacionarse con la comunidad, cumplido incesantemente con todas las exigencias tributarias, ha aperturado puertas al diálogo, impulsado la implementación de tecnología e incluido en su eje principios mundiales como la sostenibilidad (ambiental y social), comprometiéndose seriamente con ellas. Esto no es suficiente. Los candidatos siempre voltean hacia el primo exitoso para pedirle más. No nos equivoquemos, nadie pide que la minería esté exenta del debate social, político y económico del país, siempre se podrá discutir su rol en estos temas, pero hay una variable que siempre debe estar en la mesa: su pervivencia. Pero esto no parece importar, en las justas electorales a la minería se le empieza a dar golpes cual saco de arena de boxeador sin pensar en que puede reventarse. Se le acusa, difama, se crean mitos insólitos, se redunda en mentiras, etc. para sustentar pedidos orientados a que la minería “pague más”. Así como se discuten los alcances que podría tener el sector minero en proporcionar recursos, los candidatos deben incluir en su discurso las acciones para lograr incluir nuevas reservas en la producción minera, es decir, en alentar la exploración y en lograr mantener la competitividad del sector. Al plantear nuevas exigencias impositivas, inmediatamente deberían plantear preguntas como: ¿Qué hacer para que la capacidad técnica del personal sea de primer nivel? ¿Cómo fortalecemos las industrias que están alrededor del sector minero? ¿Cuán operativamente sostenible es la pretensión que la minería pague más o que se estaticen estas operaciones? ¿La minería podría dar más recursos al Estado? Probablemente sí, pero esto debe partir de un análisis serio que incluya las demás variables mencionadas, cosa que el discurso político ignora o no quiere tocar. Las preguntas no solo deben provenir del candidato o de los analistas de las propuestas, también debería hacérselas el elector para considerar si estos planteamientos son serios o no. Curiosamente la discusión política electoral alrededor de la minería es similar a la de un adolescente pidiéndole un aumento de dinero al padre, presionándolo con rabietas, amenazas e irrespeto, sin mirar si este último estará en condiciones de sostener un aumento durante las siguientes semanas. No hay análisis ni evaluación. No se busca que los ingresos aumenten, sino solo depredar los ya existentes. Probablemente la minería sea uno de los pocos sectores que cumplen finamente las exigencias regulatorias que tiene el Estado peruano. Y eso está bien. Lo que debería incluir el discurso político es que las demás industrias hagan lo propio teniendo como reflejo el minero. En todo el Perú hay lavaderos de autos cuyos efluentes, llenos de grasa, son arrojados sin ningún tratamiento a los desagües y cauces; municipalidades que no tratan sus aguas, un sector transporte por demás contaminante, constructoras que no respetan las medidas de seguridad personal, empresas que son informales a la hora de contratar, comercio injusto y un largo etcétera. Tenemos una minería exitosa, de primer nivel mundial, es el vecino que ha hecho bien las cosas y cuyo esfuerzo ha sido premiado. ¿Puede y debe colaborar con el resto del barrio? Obviamente sí, porque no vive en una isla, pero esto no justifica sabotearla. La minería es una fuente de recursos que el país debe aprovechar, su éxito es nuestro éxito, si los candidatos presidenciales no entienden eso, gobernar les será muy complicado, porque solo reventarán el saco de arena que siempre golpean durante el proceso electoral, sin poder enmendar luego el error.

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