Publication:

arq - 2017-03-30

Data:

LA GESTIÓN DE LA FELICIDAD

Opinión

POR FIORELLA MILLA-LEÓN

Un nuevo concurso nos llena de entusiasmo: el diseño de un edificio multifamiliar. La información sobre metrajes específicos, el espacio a ocupar, los porcentajes de áreas libres, la densidad y los resultados de encuestas que nos dicen qué espacios busca el cliente potencial son algunos de los factores que lo arquitectos tomamos en cuenta. La finalidad: asegurar una venta exitosa para el inversionista. Para lograr un alto impacto visual, la empresa encargada de la publicidad nos pide las mejores vistas tridimensionales de fachadas y departamentos pilotos, así como el diseño de la caseta de ventas y los letreros. Buscamos siempre el “efecto wow”, ya que todo entra por los ojos. Nuestros diseños van más allá de números e indicaciones que cumplir, como “tres dormitorios, sala, comedor, cocina y lavandería”. Debemos vender a la mente y al corazón. Necesitamos conocer nuestro entorno, caminar por las calles aledañas para encontrar perspectivas, puntos de encuentro, recoger y sentir la esencia del barrio, calle o skyline. Ser asertivos, tener conciencia del nuevo estilo de vida. Imaginar a nuestro usuario anónimo —pero con rostro— y adivinar sus sentimientos, emociones, expectativas y exclusividades. Las parejas con aspiraciones profesionales son nuestro target. El emprendedor o la emprendedora que anhelan el departamento soñado para su familia o quieren su independencia, su propio hogar. Estas personas exitosas —término de lo más interesante por lo que conlleva e implica— poseen inteligencia emocional, tienen la apertura para engancharse con nuevas metodologías, y su empoderamiento eleva su status emocional. A los diseñadores esto nos obliga a ofrecer más: dar espacios más atractivos, acertar sin primero equivocarnos, pensar como ellos. Convertirnos en personas creativas, audaces, responsables, sociales y muchos etcéteras más. Acabo de terminar uno de los mejores proyectos de mi vida: mi hogar, mi refugio, y es la segunda vez que lo hago. El panorama, el tiempo y la situación son diferentes porque esta vez me conozco al 100%. Antes intuía qué quería o cómo quería que sea y debía consultarlo. Hoy lo hago porque lo siento y la experiencia de vida y de diseño de tantos años me hace cubrir mis propias expectativas e inversiones. Soy una apasionada del diseño en todas sus expresiones: detalles, lujo controlado, neutralidad, combinación blanco y negro frente a la explosión de color y los metalizados. Así me veo, así me ven, así soy. Una exploradora innata de nuevos retos, nuevas metas por cumplir y con muchos viajes en mente por realizar. Y eso busco en las personas. Que sean tan sinceras como fui yo conmigo misma, con principios e ideales, con ganas de vivir positivamente. No busco solo emprendedores entre mis clientes, sino héroes empoderados, que son los ahora llamados gerentes de la felicidad. Personas que saben escuchar, proactivas a la hora de resolver problemas, enfocadas en dar a los demás experiencias únicas, irrepetibles y positivas. Ellos tienen claro que un líder debe saber que las personas son lo más importante, y con esa mentalidad ya está ganado el partido. Siempre pensé que todos deberíamos ser así. Es bueno recordarlo.

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