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arq - 2017-03-30

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RETROSPECTIVA

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POR LAURA GONZALES

Para la reflexión y la autocrítica LA ARQUITECTURA no se puede contar en palabras y es por eso, entre varias razones, la relevancia de 2 millones de m2, que “narra” 25 años de ejercicio profesional de Pepe Orrego. Una retrospectiva muy significativa porque permite reflexionar en torno a edificaciones que, de una u otra manera, contribuyeron a cambiarle el rostro a Lima. El título de la exposición obedece, precisamente, a la cantidad de metros cuadrados diseñados y ejecutados, e incluso se presentan proyectos que nunca llegaron a desarrollarse. “A nosotros todos los proyectos nos motivan y cada cliente es una nueva posibilidad para explorar cosas distintas. El poder imaginar el proyecto es la parte más entretenida del proceso. Claro que aquellos que no llegan a puerto nos generan una sensación de frustración, pero con el tiempo hemos entendido que muchas de esas reflexiones son parte del insumo fundamental que se requiere para esos otros trabajos que vamos a enfrentar”, señala Orrego. El curtido arquitecto heredó de su padre, Antenor Orrego Spelucín, el amor por esta carrera. Uno de los trabajos más destacados de su progenitor fue el diseño del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez junto a sus colegas Juan Torres y Carlos Arana. Eran tiempos en que los arquitectos se sentían empoderados porque se “medían” en los concursos públicos. Entre los primeros retos de Pepe Orrego, ya en su condición de egresado y junto a un grupo de compañeros de carrera de la “Richi” con quienes constituyó Arquidea, estuvo la remodelación del Parque Central de Miraflores. Sin importarles las críticas maledicentes que argumentaban que por su juventud adolecían de experiencia, continuaron con la iniciativa que mereció reconocimiento. Un buen número de obras se cuentan en el haber de su estudio, Metrópolis. Sin embargo, hay una que todavía no ha llegado y lo dice con toda honestidad el arquitecto Orrego: se trata de un museo, pues esta es una tipología que le ha interesado desarrollar desde que elaboró su tesis sobre uno en Paracas. “No hemos encontrado aún la oportunidad a pesar de que lo he intentado donando el proyecto; quizás esa sea una de las deudas profesionales que tengo”, confiesa. Pero de lo que se puede sentir satisfecho casi a un cien por ciento es de haber promovido la participación de nuestro país en la Bienal de Arquitectura de Venecia, una vitrina al mundo, cuya primera asistencia se dio en el 2012. “Era fundamental recuperar la presencia que el arquitecto peruano perdió en los años ochenta… Quienes hemos creído en esta iniciativa entendemos que es de largo plazo y que no solo tiene por objeto llevar cosas a Venecia, sino recuperar un espacio perdido”, sustenta. En realidad, lo de la Bienal viene siendo el perfecto pretexto para abrir el debate acerca de la arquitectura, el urbanismo, el Patrimonio y la cultura en general. Por ahora, junto con el Patronato Cultural del Perú, Orrego trabaja para presentar en Lima la recreación del pabellón peruano (Plan Selva) que se mostró el año pasado en Venecia, así como la muestra de arte, mientras piensa en qué parte de la ciudad que sea asequible, montará nuevamente 2 millones de m2 “como un ejercicio de reflexión y autocrítica”.

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